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Casi todos los textos de Ciencia Política tienen un capítulo dedicado al estudio de los grupos de presión también llamados grupos de interés. Muchos autores coinciden en definir tales grupos como organizaciones de la sociedad civil que, entre otros medios, utilizan la presión para obtener decisiones favorables a sus intereses por parte de las instancias gubernamentales. En consecuencia los grupos de presión son privados y resulta un contrasentido que en el seno del Estado existan grupos de presión que actúan contra el mismo Estado poniendo en riesgo su unidad de visión y de acción.
Sin embargo se acepta la existencia de grupos de presión de carácter público al interior del Estado si los mismos actúan dentro del sistema y con los medios que pone el marco legal a su disposición. Absolutamente incomprensible resulta la existencia de grupos de presión organizados al interior del Estado que desarrollen estrategias antisistema a partir de visiones ideológicas que promueven sistemas alternativos al jurídicamente establecido. Se trata en este caso de un Estado que financia grupos para su propia destrucción, situación reñida con la racionalidad que se atribuye a toda acción política.
Los grupos de presión existen en todos los sistemas democráticos, porque se considera que estimulan la discusión pública de los problemas nacionales, permiten la organización y expresión de intereses que el Estado debe atender, llevan a los centros de decisión información y opiniones que vale la pena escuchar y generan un equilibrio entre intereses contrapuestos haciendo posible el pluralismo social inherente a la democracia.
Por otra parte se señalan sus aspectos negativos: Permiten que se impongan intereses minoritarios sobre el interés general, que se empleen métodos ilegítimos como la violencia, el chantaje y la corrupción, que los dirigentes acumulan excesivo poder y terminan actuando en contra de los intereses de la base que dicen representar, que su radicalización impide la negociación y el acuerdo en función de los intereses generales.
En Honduras se han sucedido como grupos de presión relevantes los trabajadores urbanos, los campesinos y ahora los maestros, los primeros como grupos privados y los últimos como grupos públicos de presión puesto que los educadores son empleados del Estado para cumplir una función pública: La educación. Siempre conviene establecer la diferencia entre la dirigencia y la base. No se puede generalizar a todos los maestros la conducta de sus dirigentes, porque éstos gozan de bastante autonomía de decisión a pesar de que siempre se intenta legitimar sus decisiones atribuyéndolas a la base.
No hay duda de que los dirigentes magisteriales forman con otros grupos una fuerza antisistema. Sus objetivos con motivaciones ideológicas mal digeridas son de carácter político, aunque las organizaciones sean de carácter gremial. Sus programas de acción incluyen temas tan diversos como el salario mínimo de los trabajadores, tierra para los campesinos, la canasta básica familiar, el regreso del ex presidente Zelaya, el precio del combustible, la delincuencia, la defensa del derecho a la educación al tiempo que se abandonan las escuelas, la oposición al proyecto de ley de educación, la defensa del estatuto del docente, la no municipalización de la educación a lo que llaman privatización (sin que sea ni una cosa ni la otra) para atraer el apoyo de los padres de familia.
Con una agenda tan diversa y cambiante siempre habrá motivo para paralizar las labores escolares en aras de la lucha en la calle. Como toda acción humana la presión corre el riesgo de pasar del uso al abuso. Cuando se desborda el límite de la tolerancia de la población, cuando se alcanza el punto de saturación, toda acción colectiva se revierte. Los dirigentes pierden poder de convocatoria, la organización pierde eficacia y la presión por abuso se vuelve un medio incompatible con los propósitos a los cuales se suponía tenía que servir. Así pasó antes con otros sectores. Las organizaciones magisteriales no tienen por qué ser la excepción. Son leyes socio-psicológicas. Todavía les queda tiempo para rectificar.
http://www.latribuna.hn/2011/03/19/uso-y-abuso-de-la-presion/ |